Teatro y evangelización.

Con la llegada de los españoles a América surge una nueva expresión artística: El teatro evangelizador, considerado más un instrumento evangelizador que una forma de cultura y arte.

La conquista espiritual de los americanos comenzó dos años después de la conquista militar, en 1523 y fue iniciada por los primeros frailes franciscanos que llegaron con los conquistadores. Al año siguiente más franciscanos arribaron para apoyar la otra conquista.

Los primeros frailes, sin embargo, detectaron que era necesario acercarse a los nativos de México de formas menos agresivas y expandir el evangelio con los mismos medios que se contaba en América.

Los franciscanos estaban convencidos de que podrían lograr conmover a los indigenas realizando representaciones en vivo de pasajes del evangelio en su lengua: el náhuatl. Muchos de estos primeros guionistas se fueron convirtiendo sin querer en literatos y directores artísticos llegándose a representar desde las primeras pastorelas a lo que hoy llamaríamos increíbles musicales donde más de 500 indígenas realizaban representaciones para 20 o 30 mil personas apoyados por música, bailarines y vestuarios.

Al principio las obras eran en latín, lo cual imposibilitaba su comprensión, la renuencia de los indígenas a aprender un idioma más, aparte del español, produjo que se dejaran de presentar estas obras.

Posteriormente se realizaron funciones en mímica, donde se intentaba representar la idea principal, sin textos.

Más tarde se practicaba algo semejante a lo que conocemos como teatro de atril, donde un interprete en nahuatl narraba la acción y al mismo tiempo un grupo de indígenas actuaba la escena.

Por último, los frailes franciscanos comprendiendo que deberían dirigirse a su público en su mismo idioma, entonces comenzaron a aprender nahuatl.

Estos mismos frailes se dieron cuenta que estaban realizando una labor histórica por lo que comenzaron a escribir obras donde narraban la manera en que ellos fueron evangelizando a estos primeros cristianos de américa, que hoy se conocen como crónicas, estas narraciones son ricas en simbolismos y costumbres de los pueblos nativos, pues los mendicantes solían convivir con los indígenas y vivir sus tradiciones.

Muchas de las costumbres, estilos y propuestas de los franciscanos mendicantes no eran bien vistas en el clero, eran tachadas de poco ortodoxas e incluso peligrosas, algunas de las ordenes de la corona y del clero eran desobedecidas por los franciscanos, particularmente las que se referían al idioma, mientras la orden principal era enseñar el castellano y luego el evangelio, los franciscanos pensaban enseñar el evangelio, después el castellano.

Los dominicos a diferencia se empeñaron en realizar las ceremonias en castellano, bautizos masivos y comuniones preocupándose del rito y no del signo, pues es lógico que muchos indígenas no comprendieran de que se trataba toda esa ceremonia, que en muchos casos ni siquiera era en castellano, sino en latín.

Los franciscanos por su parte comprendieron el fondo de esa cultura alegre que gustaba de disfrazarse, contar cuentos, bailar y tocar música en sus ceremonias, haciendo sagrado el arte, notaron que era esa la forma en que debían acercarse y utilizar viejas tradiciones para conjuntarlas con la enseñanza evangelizadora, como la ceremonia del agua nueva o del fuego nuevo que adaptaron perfectamente a los rituales de la semana santa usando la una, para bautizar y la otra para representar de una forma muchos más gráfica la resurrección.

Estas mezclas de ideas y fusión de costumbres religiosas arraigó de tal manera en ambos pueblos que es muy difícil reconocer las raíces de una y la otra, las fiestas originales por lo general fueron calendarizadas para adaptarse a las fiestas religiosas cristianas y los símbolos y signos se fundieron para formar una nueva manifestación de lo sagrado.

Quizá el mayor ejemplo de esto lo tenemos en la Virgen de Guadalupe, donde el lenguaje pictórico indígena es totalmente trascendente y comprensible por todos los nativos, pero además contando con enorme simbología que solo podía encontrarse en el evangelio y en otros libros del nuevo testamento.

Poco a poco estas fiestas patronales fueron convirtiéndose en eventos sociales y se inculturaron en ambos lados, las representaciones de la Pasión, el nacimiento y las pastorelas se transfirieron al ámbito popular, igual que la danza y la música, como hasta hoy, dejando prácticamente relegado el teatro evangelizador.

Con los cambios posteriores, el teatro evangelizador cedió totalmente su sitio a estas manifestaciones populares y en lo cotidiano fue sustituido por el teatro profano, más aceptado por la clase gobernante y definitivamente autosustentable al punto de convertirse en un negocio fructífero de entretenimiento durante varios siglos posteriores a la colonia.

El teatro evangelizador en América.

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