El teatro evangelizador en América

Antes de la conquista española, no existía el teatro evangelizador, la iglesia había dejado un espacio entre sus procesos de enseñanza y catequesis y el entretenimiento, considerando además que el teatro tenía sus bases en la mitología griega, fue considerada una actividad mundana.

Bautismo a los indigenas

Bautismo a los indigenas

El teatro evangelizador es una parte fundamental en la conquista española, sin él la comprensión y adaptación a una nueva religión hubiera presentado un proceso de mayor resistencia.

La historia del teatro evangelizador tiene su origen en México, en las primeras misiones de los frailes para difundir el evangelio.

El teatro evangelizador, no era considerado por los frailes como un medio de expresión artística, sino como un instrumento de evangelización cuyo único objetivo era la catequesis no el entretenimiento.

Los frailes entendieron que debían adaptarse a las condiciones de los nativos y a sus modos expresivos, vieron en sus antiguos rituales que el colorido, la danza y los vestuarios eran imprescindibles para mantener el sentido religioso de cualquier ceremonia religiosa. Además comenzaron a aprender el nahuatl, para poder entregar el mensaje lo más acercado posible.

En sus primeras expresiones se trataba de pantomimas y cuadros plásticos, escenas simples donde se representaban al inicio algunas parábolas del evangelio, a estos primeros bocadillos o sketches se les conocía como neixcuitilli (néish-cui-tíli).

Poco a poco se fueron integrando elementos que enriquecían la composición: más actores, diálogos, escenografía, vestuario, música. Los primeros ministerios de teatro evangelizador habían surgido: eran pequeños grupos conformados por actores, músicos y asistentes indígenas y coordinados y dirigidos por misioneros españoles.

“La conquista española difiere de otras empresas similares de su época y de épocas posteriores en la medida en que se usa, al lado de las armas tradicionales, un arma poco común: el teatro. Y se puede decir, sin exageración, que el teatro fue en la conquista espiritual de México lo que los caballos y la pólvora fueron a la conquista militar” – María Sten

Los misioneros franciscanos, inscritos en la cultura y modos de vida del indígena abrieron el camino para integrar el teatro evangelizador a la vida religiosa de los primeros conversos, realizando montajes muchas veces improvisados siempre en espacios abiertos, como eran las ceremonias de los nativos.

A los jesuitas se debe la integración del teatro evangelizador en espacios cerrados, comunmente sus propios conventos, con mayor producción y efectos de escenografía y luces.

"La invención de la Santa Cruz por Santa Elena" es una escenificación que está hablada totalmente en náhuatl y se muestra en dos actos: el primero en Roma y el segundo en Jerusalén

“La invención de la Santa Cruz por Santa Elena” es una escenificación que está hablada totalmente en náhuatl y se muestra en dos actos: el primero en Roma y el segundo en Jerusalén – http://www.oem.com.mx/elsoldetlaxcala/notas/n3176038.htm

Simultáneamente, la corona comenzó a abrir las puertas a actores y productores que crearon un par de compañías de teatro profano que crecieron a la par de las ciudades, pero siguiendo la brecha que los frailes misioneros abrían en todos los rincones de la colonia.

Estas expresiones y montajes se difundieron por toda América, llegando a sitios tan lejanos como sudamérica

El 12 de diciembre de 1531 aparecen en la escena del teatro evangelizador, dos  importantes personajes: Juan Diego y la Virgen de Guadalupe, que logran convertirse en iconos y signos de la fusión de las culturas y conforman el culmen de la integración de la religión católica en las tradiciones indígenas.

El Nican Mopohua se integra perfectamente en la estructura de lo que ya se conoce como teatro evangelizador.

La identificación de la Virgen del Tepeyac con la Virgen de Extremadura hizo que varios misioneros comenzaran a llegar a América con la intención de aumentar la fe en la Virgen de Guadalupe de Extremadura, pero el proceso misionero tomó otro rumbo.

Uno de los mayores exponentes de esta misión fué fray Diego de Ocaña, quien intentaba acercarse a México para propagar la devoción a la Virgen y conseguir fondos para la misión de Extremadura, sin embargo un ataque pirata lo apartó de su destino original y lo llevó a sudamérica, donde continuó su misión, aunque no en el lugar que él pensó originalmente, su misión incluyó Chile, Bolivia, Panamá, Argentina, Paraguay y Perú.

Él escribió una comedia ligera un tanto burda en cuanto a la estructura de los personajes y el guión, pero lo suficientemente sencilla e interesante para ser aceptada por las tribus indígenas: “Nuestra Señora de Guadalupe y sus milagros”. La obra tuvo tal impacto que de todas partes del mundo comenzaron a llegar peregrinos para conocer a la Virgen y honrarla.

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